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Bucear con propósito: cómo recoger basura en el agua sin arruinar el paseo (y por qué hacerlo cambia todo)

Cami Alberto Diaz Osorio

Mire, seamos sinceros: nadie va a la playa a recoger basura. Uno va a descansar, a meterse al agua, a comer mariscos con limón y ají, a ver ese atardecer que hace que todo valga la pena. Eso es sagrado y nadie lo está cuestionando.

Pero hay una realidad que el océano nos muestra cada vez que nos metemos: el plástico llegó antes que nosotros. Y no se va a ir solo.

Aquí no venimos a regañar a nadie ni a echar culpa. Venimos a contarles cómo convertir cada viaje al agua en algo que sume, sin que se convierta en una carga ni arruine la experiencia. Porque resulta que recoger basura y disfrutar el mar pueden ir perfectamente de la mano.

La realidad que el agua nos muestra


Cuando te pones la máscara y te sumerges en cualquier costa colombiana, sea en el Caribe, en el Pacífico, en un río del Eje Cafetero, en una laguna del Amazonas, en algún momento vas a ver algo que no debería estar ahí.

Una bolsa plástica flotando como si fuera una medusa. Un pitillo enredado en el coral. Un empaque de merienda descansando en el fondo como si fuera parte del paisaje. Una llanta. Sí, una llanta. (Nos pasó en una expedición en el río Atrato y todavía no lo superamos.)

Según datos de organizaciones ambientales que trabajan en Colombia, el río Magdalena es uno de los 20 ríos más contaminantes del mundo en términos de plástico que llega al mar. Y ese plástico recorre cientos de kilómetros antes de terminar en el Caribe o en el Pacífico, donde se fragmenta en microplásticos que los peces ingieren, que las tortugas confunden con medusas, que los corales no pueden filtrar.

No es solo "basura en el agua". Es veneno que entra al ciclo de la vida marina y eventualmente (no es ciencia ficción)llega a nuestros platos.


Las 3R: más que un slogan del colegio

Todos las aprendimos en algún momento: Reducir, Reutilizar, Reciclar. Y después las olvidamos porque nadie nos enseñó cómo aplicarlas de verdad en un viaje.

Acá va la versión práctica para amantes del agua:

Reducir: lo que no llevas, no contamina

Antes del viaje:

  • Cero pitillos. Lleva uno de metal o bambú, o simplemente no uses pitillo. El océano entero te lo agradece.

  • Envases rellenables. Toma de agua propia, bloqueador en barra (el líquido en sachet termina en el agua o en el suelo), snacks en recipientes de tela o vidrio.

  • Empaque inteligente. Si puedes sacar el producto del empaque en casa y llevarlo en un contenedor reutilizable, hazlo. Menos empaque = menos residuo en destinos donde el sistema de recolección es limitado.

En muchos destinos como Nuquí, Capurganá o Gorgona, no hay recolección de residuos eficiente. Lo que llevas, lo tienes que traer de vuelta.

Reutilizar: darle segunda vida a lo que ya existe

  • Lleva bolsas de tela para el mercado local. En pueblos costeros comprar fruta fresca es fácil y delicioso, pero a veces el vendedor no tiene más que bolsas plásticas.

  • Reutiliza las bolsas ziploc que llevas para proteger el celular o los documentos para recoger la basura que encuentres en el camino.

  • Un tarro de crema vacía puede ser perfecto para llevar especias o condimentos, en vez de comprar sachets nuevos.

Reciclar: la parte que requiere más disciplina

El reciclaje en destinos turísticos colombianos es, seamos honestos, complicado. No siempre hay puntos de separación, no siempre el transporte funciona, no siempre lo que se separa en destino realmente se recicla.

Entonces, ¿qué hacer?

La regla de oro: lo que trajiste, te lo llevas. Si generaste plástico en la playa o en el rio, mete ese residuo en tu maleta y llévalo a una ciudad donde sí exista infraestructura de reciclaje. Suena incómodo, pero una bolsa ziplock llena de plástico no pesa nada y cabe en cualquier mochila.

Separa desde el origen. En la nevera portátil, ten una bolsa para orgánicos y otra para reciclables. Al final del día sabrás exactamente qué tienes y qué hacer con cada cosa.

El bonus: recolección activa en el agua

Aquí es donde los buzos, apneístas, nadadores y amantes del snorkel tienen un superpoder que nadie más tiene: acceso a donde la basura realmente está.

La basura visible en la superficie es solo el 10% de lo que hay. El resto está en el fondo, enredado en corales, hundido en el lodo de los ríos, atrapado en las raíces de los manglares.

Cómo hacerlo bien:

  1. Lleva una red o bolsa de malla. Hay bolsas de buceo diseñadas específicamente para esto, pero una bolsa de red de mercado funciona igual de bien. Ata un extremo a tu cinturón o BCD (el chaleco de buceo).

  2. No fuerces nada. Si la basura está muy enredada en un coral o en una raíz de manglar, no la jales. Puedes hacer más daño que bien. Fotografíala, registra la ubicación y reportala a organizaciones como la Fundación Malpelo, Gaia, o grupos locales de limpieza.

  3. Prioriza lo más peligroso. Plásticos blandos (bolsas, pitillos, empaques), ligas elásticas y cuerdas de pesca son los más letales para la fauna marina. Un anzuelo o una red fantasma requieren cuidado especial para no lastimarte.

  4. Documenta. Con tu carcasa Divevolk puedes filmar mientras recoges. Ese video tiene un poder comunicativo enorme. La gente no ignora lo que ve con sus propios ojos.

  5. Reporta tus datos. Organizaciones como Parques Nacionales Naturales de Colombia y la Fundación MarViva trabajan con datos de recolección ciudadana. Saber qué tipo de residuos se encuentran, en qué playas y en qué cantidades, les ayuda a diseñar mejores políticas.

Una cadena que empieza lejos del mar

Algo que a veces olvidamos: la basura que llega al océano no siempre nació en la playa.

Empieza en las ciudades. En el potrero donde alguien tiró una bolsa que el viento arrastró hasta la quebrada. En la quebrada que lleva esa bolsa al río. En el río que la lleva al mar.

Por eso cuidar el agua no es solo cosa de buzos y surfistas. Es cosa de todo el que vive cerca de una fuente hídrica, que en Colombia somos prácticamente todos. El Magdalena, el Cauca, el Atrato, el Orinoco: todos conectan con nosotros y con el océano.

Cuando cuidas la quebrada de tu barrio, estás cuidando el Pacífico. No es metáfora. Es hidrología básica.


Lo que empieza como un paseo puede convertirse en comunidad

Foto por Rob.

Divevolk Colombia no quiere ser solo una marca de cámaras submarinas. Queremos ser parte de algo más grande: una comunidad de colombianos que aman el agua con conocimiento, con respeto y con acción.

Cada expedición que documentas, cada bolsa de residuos que traes de regreso, cada video donde se ve el fondo del mar limpio (o la basura que encontraste y sacaste) es un acto de amor concreto.

Y cuando lo compartes — en redes, con tu familia, con el grupo del plan de buceo — esa acción se multiplica. La gente imita lo que ve normalizado. Si ver a alguien recoger basura mientras bucea se vuelve normal en Colombia, en diez años el fondo de nuestras playas va a verse muy diferente.

Ese es el mundo que queremos construir. ¿Nos acompañas?

Reglas rápidas para llevar al próximo viaje:

  • Lo que llevas, lo traes de vuelta.

  • Nada de plástico desechable.

  • Una bolsa de malla en la maleta de buceo, siempre.

  • Documenta lo que encuentras.

  • Comparte lo que haces.

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